Martes, 5 de mayo del 2026

El químico de 400 pesos deja ganancias millonarias al narco

Fragmento tomado de El Financiero.

En el primer aniversario de las regulaciones más estrictas de México, un reportero de Bloomberg compró sin trabas una botella de un litro de acético anhídrido J.T. Baker en Química Barley, una tienda de suministros médicos en Chilpancingo.

El encargado se ofreció a conseguir un garrafón de 18 litros en tres días, solo pedía el pago por adelantado. Su tienda anunciaba J.T. Baker en su página de Facebook. La venta violó las nuevas regulaciones mexicanas, que exigen que los vendedores pidan constancia, como el registro federal de contribuyentes, de que los compradores son usuarios legítimos. Pero la observancia de su cumplimiento es tan débil, afirman los distribuidores, que las regulaciones carecen en gran medida de sentido.

Días después, el reportero concertó la compra de una cubeta de 18 litros de J.T. Baker a través de MercadoLibre. Cada cubeta puede producir 90 mil dosis de heroína blanca pura. Químicos IsaaQuim, un distribuidor en el área metropolitana de la Ciudad de México, lo vendió y entregó a nombre del reportero, sin preguntas, en un sitio de recolección de FedEx en Iguala. Esta ciudad guerrerense es sinónimo de corrupción vinculada al narcotráfico; en 2014 desaparecieron allí los 43 estudiantes de Ayotzinapa, presuntas víctimas de una masacre del narco.

Héctor Renedo, dueño de Químicos IsaaQuim, comentó que no sabía que las regulaciones habían cambiado y que no tuvo dificultades para obtener los garrafones de J.T. Baker para su venta en la operación mencionada.

Avantor tiene relaciones estrechas con distribuidores y minoristas selectos, empresas a las que llama ‘socios comerciales’, incluidas más de una veintena en México. El más grande es El Crisol, una cadena nacional de nueve tiendas de suministros de laboratorio. Francisco Cervantes, entonces director de ventas de la tienda insignia de El Crisol en la Ciudad de México, mencionó en una entrevista a principios de este año que la empresa sigue las regulaciones para la venta de botellas de Avantor, pero que hay “miles de pequeñas tiendas que no siguen las reglas y se lo venden a cualquiera, es un secreto a voces”. Uno de esos vendedores parece ser otro socio de Avantor, Científica Vela Quin. Durante una visita a la tienda en febrero, un ejecutivo de cuentas señaló que podía vender tanto como el cliente necesitara. “Puedes pedir un litro, 18 litros o 100 litros”, expuso, y agregó que no se necesitaba identificación. Entregó una cotización por escrito para envases de 1, 4 y 18 litros de anhídrido acético J.T. Baker. La empresa abastece a otros distribuidores en el país. En un comunicado, Científica Vela Quin dijo que cumple con la ley mexicana y vende solo a compradores autorizados.

A fines del año pasado, Avantor tenía más de 8 toneladas métricas de anhídrido acético en stock en México, listas para su distribución. Más del 86 por ciento estaba en garrafones de 18 litros, de acuerdo con un informe de inventario. La publicidad de la compañía especifica que el contenedor más grande es aún “lo suficientemente liviano para que lo cargue un operador”. No parecen tener códigos permanentes que los hagan rastreables, solo una etiqueta que se despega fácilmente.

Las cifras de ventas compartidas con Bloomberg muestran que la subsidiaria mexicana de la empresa vendió al menos 21 toneladas el año pasado, suficiente para llenar más de mil 200 garrafones.

Avantor informó que parte de eso se destinó a otros mercados en América Latina, pero se negó a decir cuánto. Las ventas totales fueron de 300 mil dólares.

Avantor reconoció que su negocio de anhídrido acético en México está organizado de una manera que, efectivamente, queda sujeto solo a la jurisdicción mexicana. Añadió que adquiere el químico y “todos los materiales relacionados” en México y que “no se importa anhídrido acético a México de ninguna otra planta de Avantor” en el extranjero. También, que la cubeta de 18 litros, la más vendida, es un tamaño de contenedor común para químicos de laboratorio.

Avantor se dijo “comprometida a prevenir el desvío o el uso indebido de nuestros productos” y que cumple “plenamente con los requisitos de autorización y notificación de todos los organismos reguladores pertinentes. Revisamos periódicamente nuestras políticas y procedimientos para mantener la seguridad de nuestra cadena de suministro y estamos sujetos a auditorías de cumplimiento, incluso por parte de la Cofepris”. La ley mexicana no dispone que Avantor asuma la responsabilidad de los usuarios finales de sus productos que, según la empresa, recae exclusivamente en sus distribuidores y minoristas, u otros actores en la cadena de ventas. Dijo que sus contratos de venta contienen una cláusula antidesvío, que las autoridades mexicanas no habían expresado preocupación por los cambios de ruta del material y que no facilita las ventas no autorizadas vía comercio electrónico.

Avantor cotiza en la bolsa de Nueva York desde 2019, tiene como propietarios mayoritarios a la firma de capital privado New Mountain Capital y al banco de inversión Goldman Sachs Group, vende productos químicos para su uso en laboratorios, la industria farmacéutica y fabricantes especializados y su lema es “Ponemos la ciencia en movimiento para crear un mundo mejor”. Un exejecutivo, que habló bajo condición de anonimato, comentó que los directivos estadounidenses presionaron para aumentar las ventas mexicanas en 2018 antes del debut bursátil, la segunda oferta pública inicial más grande en Wall Street el año pasado. Avantor ofreció incentivos a los distribuidores, incluidos descuentos por pago anticipado, lo que ayudó a impulsar las ventas totales en México en más de un 20 por ciento, dijo el exejecutivo.

En vísperas de la salida a bolsa, Avantor también se convirtió en la única compañía estadounidense a la que las autoridades le bloquearon ventas internacionales de su anhídrido acético desde 2016 hasta 2018, según funcionarios involucrados y registros de la JIFE. Los intentos de venta en 2017 fueron a un comprador sospechoso en Emiratos Árabes Unidos, considerado por el gobierno estadounidense como un centro para los traficantes afganos de heroína.

El precio es quizás el mejor indicador del fácil acceso de la sustancia química en México. En Afganistán, el principal productor de heroína del mundo, poseer cualquier cantidad es un delito y solo está disponible en el mercado negro.

Los precios allí han llegado a unos 8 mil 680 pesos por litro, según la ONU. En México, la cubeta de Avantor le costó al reportero de Bloomberg menos de 400 pesos el litro.

Ni los garrafones ni las botellas podrían haber sido suficientes para saciar la sed de anhídrido acético de los cárteles, especialmente luego de que los ‘cocineros’ de metanfetamina lo descubrieron. Han tenido que echar mano del abastecimiento industrial de México.

Debido a que no hay procesos judiciales por el desvío del precursor químico, es difícil saber cómo los cárteles han comprado cantidades tan grandes. Pero las mismas dos empresas químicas estadounidenses que dominan la venta industrial de anhídrido acético a nivel mundial, también lo hacen en México, según distribuidores, la JIFE y datos del mercado. Son Celanese (con sede en Texas) y Eastman Chemical (con sede en Tennessee).

Celanese, por sí sola, ha convertido a México en uno de los principales productores mundiales de anhídrido acético. Suyos fueron la mayor parte de los 285 millones de litros que exportó el país el año pasado. Su planta en el estado de Veracruz concentra al menos el 97 por ciento de la capacidad de producción de México, según la consultora Tecnon OrbiChem. Los reguladores mexicanos y Celanese se negaron a divulgar cuánto vendió la empresa en México. Celanese también se negó a hablar sobre sus prácticas de ventas o sus clientes en el país, pero dijo que pone “el mismo cuidado y prudencia con el anhídrido acético que con todos nuestros productos regulados”. Celanese señaló que acata todas las leyes aplicables y que utiliza la mayor parte de su anhídrido acético internamente para fabricar filtros de cigarrillos, su principal fuente de ingresos a nivel mundial a través de ventas a prácticamente todas las principales tabacaleras del mundo.

Eastman, por su parte, domina las exportaciones a México para clientes industriales.

Clark Jordan, vicepresidente de Eastman y jefe de cumplimiento regulatorio, dice que la compañía tiene especial cuidado con las ventas de sustancias químicas precursoras en México. Pero un distribuidor mexicano que vende anhídrido acético de Eastman señaló que las verificaciones que hace la compañía se limitan a pedir una licencia de Cofepris, y hasta donde sabe, su empresa nunca ha sido inspeccionada ni auditada por la dependencia.

Rolando Hernández, quien preside un comité de los principales distribuidores del país en el seno de la ANIQ, señala que la industria química está plagada de empresas de dudosa reputación que no hacen lo suficiente para evitar que los productos químicos lleguen a los narcos. Abrir una distribuidora de productos químicos en México requiere poco más que llenar un formulario y tener una dirección física, dice, y el gobierno hace poco para supervisar a las empresas. La ANIQ lleva años demandando una supervisión más estricta, temiendo que un escándalo pueda convertir a la industria química mexicana en un paria global.

La ANIQ ha intentado que los distribuidores se comprometan con un código de conducta consistente con las leyes internacionales sobre drogas, pero solo una docena lo ha firmado. Para determinar cuántos distribuidores operan en el país, la ANIQ tuvo que realizar un estudio e identificó 350. Los directorios por suscripción enumeran alrededor de 40 que anuncian específicamente la comercialización de anhídrido acético. Uno de los distribuidores le dijo a un periodista que no era buena idea llamar por teléfono. “Si estás investigando este tipo de cosas y llamas a la empresa equivocada, te preguntarán quién eres y por qué estás investigando cosas que no son de tu incumbencia”, dijo.

La metilamina está estrictamente regulada en México, al menos en el papel. Es una sustancia química altamente especializada que se utiliza como componente básico de otros compuestos. Tóxica y con olor a pescado podrido, se puede emplear para fabricar pesticidas. Celanese fue su único fabricante en México.

Los ladrones que se apoderaron de las pipas de Celanese superaron a escoltas desarmados y otras medidas de seguridad, según varios exempleados y otras personas familiarizadas con los robos que pidieron no ser identificadas. De acuerdo con una fuente familiarizada con una investigación interna, al menos un empleado pasaba al narco información con los detalles de los envíos del material. Grupos armados les cerraban el camino a los camiones cisterna, usualmente en el mismo lugar, bloqueaban las señales de teléfonos celulares y dispositivos de rastreo y usaban gas comprimido para bombear el producto químico, tal como lo hacen las fábricas.

En el caso de la monometilamina o MMA producida en Estados Unidos, las leyes federales establecen que la principal obligación de una empresa estadounidense es salvaguardar eficazmente la sustancia química contra robos u otros desvíos, e informar inmediatamente las pérdidas al Departamento de Justicia. En 2015, un competidor de Celanese, Taminco, se declaró culpable de cargos penales federales por no reportar que barriles llenos de MMA fabricados en una planta en Florida fueron desviados por presuntos narcos tras ser exportados a México en marzo de 2010, según registros judiciales.

Cuando Bloomberg inquirió sobre los robos, Celanese respondió con dos declaraciones, una el 6 de agosto y otra el 20 de agosto. En la primera, la compañía dijo que las pipas con MMA fueron robadas en tres incidentes separados, lo que coincidió con lo que las fuentes habían comunicado a Bloomberg.

En la segunda declaración, dos semanas después, Celanese mencionó que solo hubo dos secuestros y un tercero se vio frustrado por medidas de seguridad mejoradas.

La compañía declinó detallar cuántos camiones o cuánto MMA se perdió, pero recalcó que los narcos dejaron una parte no especificada en un camión que se recuperó.

Celanese anunció el cierre de la producción mexicana de MMA en un comunicado de julio de 2016, sin mencionar los secuestros. En respuesta a las preguntas para este artículo, la compañía comentó que los ejecutivos de México y Estados Unidos “evaluaron cuidadosamente la situación a lo largo de este tiempo y determinaron que, a la luz de los acontecimientos, no era consistente con nuestros valores corporativos estar asociados con la situación o poner en peligro a nuestros empleados o nuestra reputación”. También apuntó que siguió todas las leyes y regulaciones aplicables.

Los asesores de seguridad de Celanese creían que el químico terminó en manos del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), dicen dos fuentes bien informadas en el tema. En 2016, el CJNG estableció un centro de distribución de metanfetamina en Dallas, que operaba en un concesionario de autos usados ​​en el barrio de Oak Cliff, según una acusación federal. La metanfetamina líquida ingresaba de contrabando a través de la frontera y se cristalizaba en casas convertidas en laboratorios. El grupo traficaba miles de kilogramos al año. Nueve acusados ya ​​se han declarado culpables, uno está en espera de juicio y dos más están prófugos.

El año en que el CJNG llegó a Dallas, el consumo de metanfetamina en la ciudad, y en el estado de Texas en general, alcanzó una ‘epidemia silenciosa’, en palabras de Jane Maxwell, experta en salud pública y profesora de la Universidad de Texas. Eclipsó a los opioides y a todos los demás estupefacientes en los indicadores de abuso, incluidas las sobredosis y las admisiones de rehabilitación. Su mayor producción en la última década ha quintuplicado las muertes por sobredosis de heroína y cuadruplicado las muertes por metanfetamina en Estados Unidos entre 2010 y 2017. Es difícil imaginar qué impacto podría estar teniendo la pandemia de COVID-19, dada la abundancia de sustancias químicas clave dentro de México. En agosto, la policía de Sinaloa aseguró 65 toneladas de sustancias químicas para la elaboración de metanfetamina en un laboratorio clandestino. El problema de las drogas en Estados Unidos no va a desaparecer.

Es difícil encontrar dos lugares más afectados que las propias comunidades donde Celanese y Avantor tienen su sede. Dallas, la base de la primera, todavía está inundada de metanfetamina mexicana, incluso después de que las autoridades disolvieron la red del CJNG en 2017. La agencia antidrogas de EU (DEA) ha declarado a la metanfetamina como la mayor amenaza en Dallas y Houston. El problema también está creciendo a nivel nacional.

La sede de Avantor se encuentra a unos 24 kilómetros al noroeste del vecindario de Kensington, en Filadelfia, calificado por las autoridades como el mercado de heroína en exteriores más grande de la costa este. Se dice que la ciudad está sufriendo la peor crisis urbana de opioides del país. Las muertes por sobredosis en Filadelfia alcanzaron un máximo histórico de más de mil 200 en 2017. Ese año, en el 97 por ciento de los condados del estado hubo decomisos de heroína. La DEA advierte que la droga que se vende en las calles de Filadelfia es la más pura y barata que la agencia ha examinado en todo el país.