Sábado, 18 de julio del 2026

Estudio de impacto ambiental del Tren Maya llega muy tarde y es engañoso, acusan indígenas

Después de una consulta indígena cuestionada por Naciones Unidas, luego de iniciar la rehabilitación de las vías el 30 de abril y tras la inauguración del megaproyecto el 1 de junio, hasta entonces, el Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur) ingresó el martes la Manifestación de Impacto Ambiental (MIA) en su modalidad regional solo para la operación de la vía férrea del Tren Maya en los tres primeros tramos de Palenque, Chiapas, a Izamal, Yucatán. Aunque falta que la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) la apruebe.

Activistas de la Península de Yucatán acusaron que la MIA regional es tardía y parcial, ya que los estándares internacionales de las consultas indígenas exigen que los estudios de impacto ambiental, social y cultural se realicen antes de los procesos consultivos para que durante la etapa informativa se debatan. No fue así. Además, dijeron, no es suficiente el argumento de Fonatur de que no era necesaria por ser un área con derecho de vía existente, porque el proyecto contempla polos de desarrollo alrededor de las estaciones, por lo que exigieron una MIA general.

“El Tren Maya ha levantado muchísima crítica y opinión”, dijo esta semana el Secretario de Medio Ambiente, Víctor Toledo Manzur, en una conferencia organizada por la UNAM. “Ahorita justamente estamos en el punto neurálgico porque Fonatur –la institución encargada de desarrollar el proyecto en la Península de Yucatán– acaba de entregar su primera Manifestación de Impacto Ambiental. Estamos ahorita en eso. Yo les pido paciencia a los críticos. Hay toda una explicación para esto y el martes próximo [23 de junio] daremos una larga conferencia para hablar de esto. Ya verán”.

Ángel Sulub, activista de Quintana Roo, creía que era broma el comunicado de Fonatur, pero cuando leyó el resumen de la MIA regional en su lengua originaria terminó de creerlo. “Es un argumento muy ridículo y engañoso. El proyecto no solo es para rehabilitar la vía, tiene obras asociadas en toda la ruta como el desarrollo de centros urbanos, la agroindustria y masificación del turismo que tendrán un impacto”, dijo el poeta maya. “Este estudio de todos los impactos debió haberse presentado en las consultas, que debieron llevarse de manera adecuada”.

La Manifestación de Impacto Ambiental modalidad regional asegura que el proyecto en su primera fase cumple con lo establecido en el artículo 35 de la Ley General del Equilibrio Ecológico y Protección al Ambiente (LGEEPA), en cuanto a que se ajusta a la regulación jurídica ambiental vigente y, dice, aunque “no se generarán impactos negativos relevantes” que pudieran afectar el Sistema Ambiental Regional, se proponen las medidas de mitigación correspondientes.

“Este megaproyecto tendrá un impacto general. No se pueden presentar estudios parciales o por partes”, aseguró Sulub. “El agua que corre debajo del subsuelo nos conecta a toda la Península de Yucatán, por lo que el impacto que habrá en los cenotes de Yucatán afecta al acuífero maya en Quintana Roo, y el área de Campeche. Todo está interconectado”.

Onésimo, de Palenque, Chiapas, coincidió en que el impacto ambiental será por los proyectos alrededor del Tren. Las comunidades de El Naranjo, Venustiano Carranza, López Mateos y otras chiapanecas están alrededor de las vías. “A la gente de las comunidades les están diciendo que harán un andador turístico a caballo, de montaña y en bicicleta. Eso significará tirada de árboles y destruir parte de ese medio ambiente donde viven monos saraguato, monos araña y un montón de aves; es su hábitat”, lamentó.

Entre el 15 de noviembre y el 15 de diciembre de 2019, tiempo récord considerando la dimensión de la obra, se llevó a cabo el proceso de consulta indígena, con los líderes y autoridades representativas de las localidades y comunidades pertenecientes a los pueblos indígenas presentes en 112 municipios de influencia social del tren. Se llevaron a cabo 30 asambleas (15 informativas y 15 consultivas), participaron 10 mil 305 personas pertenecientes a mil 078 localidades indígenas maya, ch’ol, tseltal y tsotsil.