Jueves, 16 de abril del 2026

Inevitable que América Latina y México tomen el sendero hacia una mayor deuda

La economía internacional no está en su mejor momento y Latinoamérica, que ha tenido poco crecimiento económico (0.4 por ciento interanual, en promedio) en los últimos cinco años, será golpeada por una crisis agravada por la pandemia de COVID-19, que presionará las finanzas de los países de la región, obligándolos a buscar fondos adicionales para reactivar su economía y solventar sus gastos de operación, advierten organismos como la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) y el Fondo Monetario Internacional (FMI).

América Latina ha tenido varios episodios de endeudamiento a lo largo de su historia. Uno de los más recientes y más graves ocurrió entre 1982 y 1995, durante el periodo conocido como la “década perdida”.

Fueron años en que algunos países duplicaron sus deudas interna y externa. Fueron años de prueba y error en que Latinoamérica se dio cuenta de que subsanar el déficit presupuestario y la estabilidad macroeconómica con dinero prestado no funciona si los incentivos económicos, en lugar de fortalecer la productividad, generan una estabilidad pasajera que se desboca cuando el dinero se acaba, generando altos niveles de inflación por el aumento del consumo, con un proceso posterior de estancamiento y recesión, con efectos económicos más devastadores que al inicio de la crisis.

Para evitar que la inyección de capital vía deuda genere un incremento insostenible del consumo, la única posibilidad “es destinar la mayor parte de los recursos financieros disponibles a inversión real, a fin de que permitan ampliar la futura capacidad de pago de las economías; de lo contrario, la estabilización no puede dejar de ser transitoria”, se lee en el libro América Latina y el Caribe quince años después. De la década perdida a la transformación económica 1980-1995 de la Cepal.

A pesar de la crisis y el endeudamiento actual, que reducirá el espacio fiscal y agravará las desigualdades socioeconómicas en los países, América Latina vive una situación muy diferente a la observada hace casi 40 años, sobre todo porque la inflación y el estado de los sistemas financiero y fiscal en la región gozan de estabilidad y solidez relativas, salvo en casos excepcionales como Venezuela, por mencionar un ejemplo.

Las cifras del FMI indican que al cierre de 2020, la deuda pública promedio de los gobiernos de América Latina podría ser equiparable al 78 por ciento de su Producto Interno Bruto (PIB). Esta proporción es 38.6 por ciento superior al endeudamiento estimado en 2019, y superior a las proyecciones anteriores que indicaban que la deuda promedio equivaldría al 65.1 por ciento del PIB de los países latinoamericanos.

Las deudas de Argentina, Brasil, Chile, Costa Rica, México, Nicaragua y Uruguay son las que más podrían aumentar como proporción de sus respectivos PIB’s, con variaciones de 22 a 13 por ciento, según cada caso. En México, por ejemplo, el endeudamiento será de entre 53.1 y 61.4 por ciento del PIB, dependiendo de la contracción de la economía, que este año podría caer entre 6.5 y 7.6 por ciento en comparación con 2019, de acuerdo con las cifras y proyecciones del Banco Mundial, la Cepal y el FMI.

La experiencia latinoamericana durante la década perdida ofrece varios escenarios para sacar adelante a la región.

Uno de ellos implica el uso de la deuda para rescatar al sector privado, sobre todo a las micro, pequeñas y medianas empresas, a través de créditos e inversiones que permitan incentivar la economía, impedir el aumento de las tasas de desempleo y el recorte del poder adquisitivo de la fuerza laboral.