Sábado, 18 de julio del 2026

Les quitaron el agua y llegaron los refrescos; indígenas, pobres y diabéticos, esperan al COVID-19

Las personas con diabetes en la comunidad indígena de San Dionisio del Mar, Oaxaca, están conscientes de que los altos costos de sus tratamientos médicos las podrían obligar a vender sus electrodomésticos, su ganado y hasta sus tierras. Solo el taxi a Juchitán, donde se encuentran los hospitales más cercanos, les cuesta 400 pesos, es decir, más de lo que se gana en un año tejiendo cintas de palma.

Sin embargo, también están conscientes de que la pandemia por COVID-19 podría empeorar este escenario, ya que la prevalencia de enfermedades crónicas en personas de su comunidad podría sumarse a la gran cantidad de adultos mayores y a la escasez en los servicios de salud, convirtiéndose en una mezcla peligrosa.

“Nosotros estamos aquí arrinconados. Si el virus nos llega aquí, ¿qué vamos a hacer? Aquí no hay nada”, dijo Genaro, habitante de San Dionisio.

En este pueblo de las lagunas del Pacífico, donde la mayoría de sus habitantes se adscribe a la etnia huave, la diabetes pasó de ser una enfermedad de la gente rica de las ciudades a convertirse en la primera causa de muerte en las últimas cuatro décadas.

Casi una tercera parte de los hogares en San Dionisio tiene algún miembro de la familia con diabetes, de acuerdo con una encuesta realizada en 2014 aplicada en 68 hogares en el centro y la periferia del pueblo por Laura Montesi, una antropóloga social que ha investigado la epidemia de obesidad-diabetes en esta región sureña del país. Esto sin contar otros padecimientos asociados como obesidad, hipertensión, síndrome metabólico, enfermedades renales o cardiovasculares.

En este escenario son comunes las amputaciones de dedos, pies o piernas completas. A veces todas ellas, gradualmente. “Yo ya ni vuelvo al doctor, ya pasé por muchas operaciones y sufrimientos, y ya ni tengo dinero. Si me voy a morir, me muero aquí nomás y aquí mismo me entierran”, afirmó Lucrecia, quien padece de pie diabético.

SinEmbargo

Cuestionados sobre las causas de la diabetes (“tener azúcar”, le llaman aquí), parece haber respuestas variadas (hay quien dice que las cosas ya no se hacen con respeto o que las nuevas generaciones son más débiles), pero aun entre esta diversidad de argumentos todo apunta a que la relación con su comida se ha alterado. “La pesca ya no sale como antes”, comentó un paciente; “ahora nos llega el maíz encostalado quién sabe de dónde”, declaró otro; “es que ahora hay mucho químico en la comida”, dijo otra paciente.

Al igual que sucede en otras partes del México rural, distintas investigaciones han documentado una estrecha correlación entre el advenimiento de alimentos ultraprocesados y el aumento de enfermedades crónico-degenerativas. Se trata del legado de políticas alimentarias que priorizaron el suministro de comida chatarra en lugar de fortalecer la soberanía alimentaria de estos pueblos con culturas alimentarias propias, aseguró la antropóloga social Laura Montesi.

“Por supuesto, la comida que popularmente se le llama chatarra ha penetrado las comunidades, incluso las más alejadas. De hecho se le llama ‘cocacolización’, pero además de refrescos hay un universo muy amplio de estos alimentos”, afirmó.

En su investigación en San Dionisio, Montesi ha detectado cómo las grandes empresas (refresqueras, cerveceras, panificadoras o de frituras) aprovechan la “trampa de pobreza” en la que caen comunidades indígenas, donde la falta de actividades económicas vuelve atractivo el negocio de las tiendas de abarrotes, que son cooptadas por la industria y se vuelven puntos de distribución de sus productos. En contraste, el suministro de agua potable tarda a veces hasta 15 días en llegar, lo que representa una violación a su derecho humano al agua y facilita la penetración de bebidas azucaradas o alcohólicas.

“Hay distintos niveles que permiten una situación de inseguridad alimentaria y al mismo tiempo malnutrición”, explica Montesi. “Sabemos que la malnutrición a lo largo de la vida de la persona puede convertirse en sobrepeso y obesidad, entonces en realidad son dos caras de la misma moneda”.