Viernes, 10 de abril del 2026

#Opinión ¡Comprar cerveza, aunque nos muramos sin respirar!

Por: Mtro. José Carlos Hdez. Aguilar, especialista en Investigación Criminal y Delincuencia Organizada

Hace tres meses nadie imaginaba, que, con un inesperado y microscópico virus empezaríamos a vivir ¡La primavera más fría y dura en la historia del México moderno! Son tiempos aciagos a los que a muchos y a muchas, poco les importa lo que sucede; es un espacio y un tiempo, en donde lo que más ha permeado es la ignorancia, la rebeldía o el hacer como si nada pasara en las entrañas de una sociedad, que se ha resistido a creer que existe un gravísimo problema de insalubridad que no va a ceder y que nos obliga a cambiar drástica y permanentemente nuestra rutina de vida.

            Sin fatalismos literarios, debemos apuntar que la enfermedad del COVID-19, es un proceso sumamente doloroso y triste, donde las personas mueren en completa soledad física; sumidos en una profunda depresión y en un suplicio que pareciera no terminar, al fallarles poco a poco la respiración e impactando en otros órganos vitales, hasta que finalmente el corazón estalla, sobreviniendo la muerte.

Pues aun con ese conocimiento, hay miles de personas en México, que, por su insolente imprudencia, retan no sólo a la muerte sino al dolor, resistiéndose a pensar, en las fatídicas secuelas que su actuar puede dejar para sí mismas y para el resto de sus familias. Por eso el título tan sugestivo de esta sincera reflexión: ¡Comprar cerveza, aunque nos muramos sin respirar!

A veces con burla; otras con coraje y unas más con pena ajena, pero así hemos visto en las calles y en los medios de comunicación, las enormes filas que desde temprana hora se aprestan afuera de los múltiples lugares donde surten esta bebida. Ahora la pregunta obligada es, ¿Por qué hacerlo si existe un mandato gubernamental que nos instruye -por nuestro propio bien-, a una distancia prudente entre las personas y a la exigencia de guarecernos en casa?

¡Sencillo!, porque al acudir ‘valientemente’ a estos conglomerados sitios, representa una satisfacción de poder o auto-caricia premial, al decirse a sí mismo u a otros: “¡Tengo con que!” “¡Yo sí puedo hacerlo!”. Esto representa todo un proceso metodológico de satisfacción ‘plena’, que inicia desde arreglarse para salir de casa o del trabajo; llegar al expendio; la compra en sí misma y lo mejor, regresar con el trofeo en las manos con un dejo de seguridad y felicidad pasajera frente a los demás, de que “¡Ya ven, no pasa nada!” “¡El Coronavirus es pura pinche mentira!”. Como si con tan sólo portar un cubrebocas, se arreglara todo, haciéndonos inmunes a la enfermedad ¡Por favor!

Y no es tanto el producto alcohólico en sí mismo o la adicción a él, sino por el sistema mental estresante y al mismo tiempo, retante en la posesión u obtención de lo prohibido; es una autocomplacencia que actúa como mecanismo de defensa, rechazando expresamente el problema pandémico que no acaba de entenderse, con la grotesca actitud de esas personas.

Tan grave es la situación, que para el último fin de semana y con motivo del día del niño, tan sólo en esta capital chihuahuense se contabilizaron más de 7’000 reuniones o festejos, que violaron francamente la campaña de distanciamiento. ¡Pero la cosa no acaba ahí!, con fundamento en una fórmula estadística, aparejada con algunos datos extraoficiales proporcionados, pudieron llegar a sumarse también en esta ciudad, más de 23’ 650 fiestas, pero ahora con motivo del día de las madres, empujándose así, el pico más alto de la pandemia hasta finales de mayo. ¡Con esta burlesca realidad, no existe entonces, las ganas de querer terminar de tajo con éste peligroso problema, tan minimizado por la mayoría!

Estas deprimentes muestras de irresponsabilidad e inconsideración social, dan testimonio de que efectivamente somos un pueblo cerrazónico, porque vivimos neuróticamente acorralados en nuestras propias ideas -sean correctas o no-, aprisionándonos mental y expresamente frente a otras opciones o soluciones, no permitiendo que otra persona o autoridad, cruce nuestra línea de pensamientos y actitudes ante alguna eventualidad. Con esto comprobamos que Chihuahua, es de las entidades que menos ha respetado las indicaciones médicas para hacer frente a este fenómeno pandémico, que nos hace ocupar los primeros lugares en los índices de letalidad en el país. Sin duda alguna ¡La obstinación y la intransigencia no son patrimonio exclusivo de la pobreza ni de la indigencia!

Amigos y amigas:

¡Tres cosas son necesarias, para perder estúpidamente una guerra; ‘¡La ignorancia’, ‘la necedad’ y ‘la desunión’!