#Opinión ¡El nuevo regreso a clases, sin piso parejo!
Por: Mtro. José Carlos Hdez. Aguilar, especialista en Investigación Criminal y Delincuencia Organizada.
El Secretario de Educación Esteban Moctezuma Barragán, oficializó al lunes 24 de agosto como la fecha para el regreso a clases, el cual y, dicho sea de paso, será virtual hasta en tanto se ordene el semáforo epidemiológico en verde. Habló incluso, del apoyo de algunas televisoras para lograr tal cometido. Sin embargo, la ordenanza oficial, dista mucho de la realidad social, principalmente en aquellos asentamientos de extrema pobreza o en las muy lejanas comunidades rurales, donde en el mejor de los casos, apenas si se tiene luz o agua.
La Encuesta nacional de Consumo de Contenidos Audiovisuales 2018, del Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT), informó que el 11% de los hogares en las zonas rurales del país, no cuentan con un aparato televisor para acceder a alguna señal. En otras palabras 14 millones de personas se encuentran en dicha situación.
Aunado a ello, las teorías de la administración educativa, establecen que “Las acciones para el diseño de las estrategias de regreso a clases, deben considerar no sólo la multiplicidad de realidades educativas del país, sino la priorización de los grupos según el nivel de vulnerabilidad”. En contraposición a tan ‘románticos’ postulados, la pandemia del COVID-19, entre otras muchas cosas más, ha exhibido las terribles desigualdades discriminatorias en México, las que seguramente se potenciarán entre los niños, niñas, adolescentes y jóvenes y que, de no existir una verdadera política educativa urgente al respecto, este sistema se seguirá resquebrajando estrepitosamente.
Para implementar nuevas estrategias educativas en esta post-realidad, se deben considerar al menos tres razones de peso: la pedagógica, epidemiológica y la administración de la educación. Por ende, se avecina una muy fuerte encomienda para el gobierno: reducir significativamente los índices de desigualdad hacia la niñez y juventud mexicana, principalmente en los estratos sociales ya referidos. Pero no sólo eso, sino que debemos precisar que una cosa es terminar un ciclo escolar con educación en línea y otra muy distinta es iniciarlo de la misma forma y así con ello, vemos que el Estado se enfrenta a nuevas realidades, amenazas y debilidades de las que se carece de la menor experiencia, como la apremiante inversión y adecuación de la infraestructura tecnológica; la profesionalización en las nuevas competencias digitales de docentes y alumnado, el decremento en el nivel educativo, etc. Todo ello abona para que se incube, entre otras consecuencias, la siguiente problemática:
- Una imparable avalancha en la deserción escolar y así lo confirma el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, cuando prevé, que al menos unos 1.4 millones de estudiantes no regresarán a clases en el ciclo 2020-2021.
- Una serie de conductas discriminatorias entre el mismo estudiantado, por no poseer un equipo de cómputo avanzado o simplemente no tener nada.
- Problemas de comunicación formalizada en la relación docente-alumnos y aún, entre estos últimos, toda vez que el docente al no conducir una clase presencial, no tiene un seguimiento físico-visual sobre sus alumnos, entonces por consecuencia se propician los tiempos y espacios de confort individual entre el estudiantado al permanecer en línea, generándose una antipatía en el puntual cumplimiento de entrega y revisión en tareas y actividades propias de cada asignatura.
- Se gesta una Triada Fatídica Educativa, vista en el incumplimiento puntual y verdadero de los objetivos del proceso educativo en aulas, generando consecuentemente estrés físico y emocional que la plataforma en línea produce, para docentes; padres de familia y el propio educando.
Pero al final, lo que interesa más a la presente reflexión, es el gran impacto que el abandono escolar -agregado al problema macroeconómico- va a producir en materia de seguridad pública, con un lógico incremento en las conductas hedonistas, antisociales o delictivas, por parte de dichos adolescentes y jóvenes que de por sí, una gran cantidad ha pasado a ensanchar de tiempo atrás, la nómina delincuencial.
Hemos dado cuenta en otras entregas, que cada día más niños y niñas se incorporan a las filas de la delincuencia común y no se diga a las del crimen organizado y que, de acuerdo a testimonios de los propios capos del narcotráfico, pueden sumar hasta un 40% los que pertenecen a sus Cárteles. Oficialmente, en los últimos cinco años han sido detenidos más de 28’000 niños, niñas y adolescentes, de las cuales alrededor de 3´300 son mujeres. La propia Comisión Interamericana de Derechos Humanos, publicó en su informe 2015 que en México 30´000 personas de éste grupo etario, cooperan activamente con grupos criminales y la Red por los Derechos de la Infancia en México refirió que al 2018, 470´000 ya habían pasado a engrosar las filas de la delincuencia organizada en esta nación, lo que hablamos de un sorprendente incremento del 153%.
No podemos permitir más que nuestros hijos e hijas se pierdan en el confort de no hacer nada en casa ni por ellos mismos y lo peor, que se enrolen en la basura de la delincuencia y todo por los efectos colaterales de una pandemia que no hemos podido o, mejor dicho, que no hemos querido afrontar con valentía y seriedad, al grado de vociferar con orgullo que “¡No existe hombre´, no pasa nada!”.
Ya no debemos ser víctimas del veneno de la ignorancia que está matando cada vez más a muchos compatriotas. El problema de la deserción educativa es serio, pero será inevitable cuando la violencia sea completamente incontrolable.
Finalmente recordemos que ¡La delincuencia y la violencia no son patrimonio exclusivo de la pobreza o de la indigencia, sino de una absurda sociedad, que se baña en la mediocridad; en la ignorancia y en la vileza!