#Opinión: El síndrome de la cibersoledad (1 de 2 partes)
Mtro. José Carlos Hdez. Aguilar Especialista en Investigación Criminal y Delincuencia Organizada.
De acuerdo al estudio ‘Delincuencia Cibernética en los Jóvenes Mexicanos’, que presentamos en el 2019 en la ciudad de México, entendemos a la violencia cibernética como la acción dolosa de enviar a través de las distintas redes sociales, textos, videos u otras impresiones gráficas con alto contenido agresivo y que causan un daño o perjuicio a quien las recibe, como reflejo de una descomposición o degradación individual de quien las emite.
Todo lo anterior deriva de un terrible síndrome, al que le hemos llamado ‘De la Cibersoledad’, el cual es una patología mental que tiene su origen en un trastorno adictivo, donde existe una preocupación constante por estar permanentemente conectado a las redes sociales o el resto de las redes informáticas y que trae serias consecuencias psicológicas o físicas en el usuario.
Esta sintomatología de la comunicación despersonalizada puede traer como consecuencia, simples acciones antisociales como menosprecios o sobajamientos, etc.; delitos graves tales como el involucramiento en actividades delincuenciales de una o ambas partes; o simplemente, hechos dañosos para sí mismo o para quien recibe esa información.
El uso de la violencia en los contenidos sociales, es un grito desesperado de reconocimiento, de poder y control del cual se ha carecido; es un mecanismo de defensa a un proceso de soledad o vaciedad, al gritar ahogadamente “si existo, si valgo, aquí estoy”, acentuándose esa necesidad extrema de aceptación social, cuando aquella va acompañada de groserías o improperios de alto nivel, que además de formar parte de su entorno, son ya parte vital y dominante de su psique.
En investigaciones debidamente documentadas, hemos sostenido que desde finales del año 2014, el 84% de los rompimientos de pareja o de amistad, están vinculados directamente a sitios web como Facebook, Instagram, Twitter, Youtube, Whatsapp, Snapchat, Snaptube, etc., materializadas en el siguiente orden jerárquico:
A) Infidelidad o deslealtad descubierta.
B) Bulling o violencia, ya sea moderada o extrema hacia la persona receptora.
C) Desorden sexuado en los textos o mensajes.
D) Sexting.
E) Acoso o extorsión sobre la víctima.
Por otro lado, es justo establecer que éste tipo de conductas obsesivas no son exclusivas de la juventud millennial, pudiendo contabilizarse -en ese universo de muestreo- hasta en un 92% la envuelta en éste tipo de agresión. Sino que existe una gran cantidad de adultos que se encuentran muy involucrados con altos contenidos violentos, sumando hasta en un 86% esta segunda estadística.
Abona en gran medida a esa violencia cibernauta, la pésima ortografía de quien emite los textos en las diferentes redes sociales, lo que se traduce en personas con un alto nivel de estrés; con una gran neurosis obsesiva o con un sistema mental de confort completamente mediocre. La deplorable gramática y la escritura tan peyorativa, son los nuevos códigos comunicativos que provocan guetos o círculos muy marcados entre lo correcto y anticuado, contra lo novedoso y “cool” de estas generaciones. El tipo de mensajes en esta comunicación automatizada, son expresiones placenteras en las que poco importa si se escribe correcto o no. Más aún, quien lo hace con respeto a la redacción literaria, es una persona “ridícula” y poco a poco, es discriminada por el grupo por sus increíbles “osos”.
Más aún, quienes deliberadamente escriben con faltas de ortografía, son personas con mayores problemas para la socialización indispensable, llegando a justificar la agresividad en sus comunicados como algo ya normalizado y parte de su cultura. Escribir mal a propósito, implica una evidente falta de respeto al lector, por lo tanto cuando se textea con alguien que hace lo mismo, se produce entonces una ‘comunicación sinérgica’ de irrespeto total, dando así el sutil inicio a una terrible violencia virtual entre ambos sujetos, de ahí tenemos que el 98% de los adolescentes y jóvenes son altamente groseros, y obviamente lo proyectan no sólo en su convivencia interpersonal, sino a través de su propio universo cibernético, principalmente con su teléfonomóvil.
Por todo eso, siempre hemos dicho que ¡Las redes sociales son como un condominio gigante donde en cada piso, sus moradores y sin pena alguna, sacuden sus tapetes en nuestro sitio!
¡Sin duda, las redes sociales saben lo que piensas, antes de que lo pienses!
…Continuará el próximo viernes.