Lunes, 27 de abril del 2026

Pangolín, la hermosa especie en extinción que podría ser la causa del Coronavirus

Según un estudio de la Universidad Agrícola del Sur de China, las secuencias genómicas de la nueva cepa del coronavirus halladas en pangolines han resultado un 99 por ciento idénticas a las de las personas infectadas, lo que indica que estos animales podrían ser un huésped intermedio del virus, según informa la agencia Xinhua.

En ese sentido, se confirman las sospechas de las autoridades chinas que a finales del pasado mes de enero decretaron la suspensión del comercio de animales salvajes tras considerar que el origen del coronavirus podría proceder de un mercado de marisco de Wuhan, en el cual se vendía carne de pangolín.

El equipo de investigación analizó más de mil muestras del metagenoma de estos animales y detectaron que la tara positiva del virus en los pangolines era del 70 por ciento. Los investigadores aislaron aún más el virus, observaron su estructura y averiguaron que la secuencia del genoma de esta cepa era de un 99 por ciento idéntica a la de las personas infectadas.

Shen Yongyi, miembro del equipo de investigación, explicó que investigaciones anteriores habían encontrado que el nuevo coronavirus se originaba en murciélagos. Pero al ser invierno, y estos animales se encuentran en fase hibernación, era muy poco probable que el origen de la infección hubiese sido este animal. Además, Shen Yongyi ha enfatizado en la idea de que pueda haber más huéspedes intermediarios, no únicamente el pangolín; según informa Europa Press.

La carne de pangolín es muy preciada en la cultura asiática. De hecho, su carne únicamente se puede conseguir por vía ilegal, como ocurre en países como Tailandia, y a precios muy elevados. Además, popularmente se cree que sus escamas defensivas tienen propiedades curativas.

CONSUMO DE ANIMALES EN CHINA

¿Sopa de murciélago? ¿Cobra a la plancha? ¿Licor de hueso de tigre? Muchos chinos creen todavía en los supuestos aportes nutritivos de estas exóticas especies, cuya venta ha sido temporalmente prohibida en el país asiático tras la crisis del coronavirus. Pero cada vez son más las voces en China que piden que este veto sea definitivo.

Las autoridades decretaron a finales de enero la suspensión del comercio de animales salvajes tras considerar que el origen del brote se encuentra en la mutación de un virus procedente de uno de los ejemplares -el pangolín, según los últimos estudios- que se vendían en un mercado de marisco de Wuhan, en el centro del país.

Allí, además de pescado, se traficaba de manera ilegal con carne de rata, pavos reales, liebres recién sacrificadas y hasta cocodrilos, atestiguan fotografías compartidas en las redes sociales chinas.

Hasta que cese la epidemia, la directiva del Gobierno prohíbe cualquier forma de venta de animales silvestres en mercados, supermercados, restaurantes y comercios electrónicos, y ordena la puesta en cuarentena de sus criaderos.

PRESIÓN CONTRA SU COMERCIO Y CONSUMO

Pero esto no es suficiente: científicos, medios de comunicación, asociaciones civiles y particulares chinos han alzado su voz para pedir regulaciones permanentes, específicas, así como información más transparente para los consumidores y campañas de concienciación que frenen su comercio y consumo.

A sus ojos, se trata de una práctica nociva que, además de problemas sanitarios, crea un ingente mercado negro.

“Según la ley china, el comercio de algunos animales salvajes está vetado desde hace décadas, pero no hay regulaciones específicas al respecto. Hay muchas lagunas legales y muchos acaban lucrándose sin haber infringido la ley”, comenta a Efe Cathy Cao, investigadora de la oenegé Informe de Desarrollo de China.

Según Cao, el Gobierno chino sí ha realizado numerosos esfuerzos para abordar problemas de seguridad alimentaria, pero los resultados siguen siendo preocupantes: “No está clara cuál es la definición de animal salvaje, ni cómo rastrear o regular su compraventa de forma práctica”, asegura.

Muchas veces las regulaciones quedan en manos de las autoridades locales, a lo que se suma otro obstáculo: que los consumidores no disponen de información sobre lo que conlleva comprar en este tipo de mercados, denuncia la investigadora.

“Son necesarias regulaciones en las cadenas de suministro. El consumo de carne fresca forma parte de la cultura china y eso no va a cambiar. Pero la gente debería ser más escéptica y preguntarse de dónde vienen esos animales”, señala Cao, que pide medidas para que su comercialización, al menos, cumpla con normas básicas de higiene e inocuidad alimentaria.