Jueves, 23 de abril del 2026

Preside León XIV por primera vez la Misa Crismal; reflexiona en significado de misión de evangelizar

El Vaticano.- Ante una Basílica de San Pedro repleta de fieles, el Papa León XIV ha presidido este Jueves Santo su primera Misa Crismal como Obispo de Roma en la que ha reflexionado sobre la misión a la que Dios nos consagra como su pueblo: “Es la misión cristiana, la misma de Jesús, no otra. En ella participa cada uno según su propia vocación y en una obediencia muy personal a la voz del Espíritu, ¡pero nunca sin los demás, nunca descuidando o rompiendo la comunión!”

Con esta descripción tan clara el Papa iniciaba su homilía en la que ha recordado a obispos y presbíteros que al renovar sus promesas “están llamados al servicio de un pueblo misionero”. Después, ha enumerado los tres secretos de la misión cristiana: desprendimiento, encuentro y rechazo.

En primer lugar, el Papa explicó que tener una misión en la vida implica salir de la zona de confort y aquí da a conocer el primer secreto de la misión cristiana: el desprendimiento. Para ilustrarlo, puso el ejemplo de Jesús. Después de recibir la fuerza del Espíritu tras su bautismo, Él volvió a Nazaret, el lugar donde creció y que le resulta familiar. Sin embargo, ese mismo lugar, que representa seguridad y estabilidad, es el que debe abandonar para comenzar su misión.

La enseñanza principal es que “toda misión comienza con ese tipo de vaciamiento en el que todo renace. Nuestra dignidad de hijos e hijas de Dios no nos puede ser quitada, ni se puede perder, pero tampoco pueden borrarse los afectos, los lugares y las experiencias que están en el origen de nuestra vida. Somos herederos de tanto bien y, al mismo tiempo, de los límites de una historia en la que el Evangelio debe llevar luz y salvación, perdón y sanación” aseguró el Papa.

El Pontífice insistió en que: “la misión comienza por la reconciliación con nuestros orígenes” porque “no hay paz sin el valor de partir, no hay conciencia sin la audacia del desprendimiento y no hay alegría sin arriesgar”.

El Papa redefinió también el papel de quienes evangelizan, afirmando con claridad: “Somos huéspedes” y especificando que lo son los obispos, los sacerdotes, las religiosas y religiosos, y todos los cristianos. De hecho, el segundo secreto de la misión el Papa lo define de manera muy sencilla: “para acoger debemos aprender a dejarnos acoger. Incluso los lugares donde la secularización parece más avanzada no son tierra de conquista, ni de reconquista, la misión no es una aventura heroica de alguien, sino el testimonio vivo de un Cuerpo con muchos miembros”.

Por último, el Papa León XIV habló de esperanza y de fortaleza en la misión cristiana, incluso frente al fracaso: Podemos atravesar en nuestra vida situaciones en las que parece que todo ha terminado. Entonces nos preguntamos si la misión ha sido inútil”. Pero frente a esta sensación, el Papa propuso un ejemplo de quien confia plenamente en Dios hasta el final; así, citó a Óscar Arnulfo Romero, quien confiaba en que Dios acompañaba su vida y su muerte.

“En esta hora oscura de la historia, Dios ha querido enviarnos a difundir el perfume de Cristo donde reina el olor de la muerte. Renovemos nuestro “sí” a esta misión que nos pide unidad y que trae la paz. ¡Sí, aquí estamos! ¡Superemos el sentimiento de impotencia y de miedo! Nosotros anunciamos tu muerte, Señor, proclamamos tu resurrección, en la espera de tu venida”, concluyó.