El Vaticano.- Los frescos de Miguel Ángel, los intensos colores de las bóvedas y la imponente escena del Juicio Final, donde los dedos de Dios y del hombre casi se rozan, ofrecían el marco perfecto para lo que allí sucedía: la Iglesia católica y la Iglesia de Inglaterra —miembro de la comunión anglicana— unidas en la oración y la alabanza al Señor. Dos realidades distintas, representadas por la presencia del ...
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