Sábado, 13 de junio del 2026

A 700 años de la fundación de Tenochtitlan

Este sábado se realizó la ceremonia conmemorativa por los 700 años de la fundación de México-Tenochtitlán (1325-2025) en donde afirmó que el legado de Tenochtitlán no es nostalgia, sino una semilla de esperanza.

El evento incluyó una representación sobre los pasajes más emblemáticos de la migración del pueblo azteca desde Aztlán hasta Tenochtitlán; narró el recorrido desde el mítico lugar de origen, hasta el encuentro de la señal prometida por Huitzilopochtli (el águila, posada sobre un nopal, devorando una serpiente), también incluyó algunos de los mitos mexicas; la escena fue interpretada por 838 integrantes del Ejercito, Fuerza Aérea y Guardia Nacional.

Al encabezar el acto, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, aseguró que Tenochtitlán fue mucho más que una ciudad majestuosa, fue un símbolo de organización, de poder, de ciencia y de arte.

“Fue el centro de un mundo indígena que supo construir un modelo de civilización propio en armonía con la tierra, los astros y sus dioses”, dijo.

“La grandeza de Tenochtitlán no fue sólo su fuerza y su belleza, sino su alma, el espíritu indómito de un pueblo que dirigió de la nada para crearlo todo. Que convirtió una isla inhóspita en un imperio y que amó tanto a sus ancestros, dioses y tierra que fue capaz de ofrecer su corazón para que el sol siguiera saliendo todos los días”, enunció.

Afirmó que la caída de Tenochtitlan en 1521 no significó la destrucción de una ciudad, sino que fue el inicio del proceso de colonización que buscó borrar todo rastro indígena. Lo que aseguró, es la herida más profunda que se debe sanar.

Señaló que la estructura colonial no desapareció con la independencia, sino que permaneció con las formas de poder en el racismo, en la exclusión de los pueblos originarios, particularmente contra las mujeres indígenas, y se reveló en diferentes momentos de la historia como la Revolución Mexicana; además, destacó que prevaleció por muchos años especialmente durante todo el periodo neoliberal.

Afirmó que su movimiento mira de frente y con orgullo la historia, “no para dividir, sino para comprender; no para odiar, sino para sanar la memoria y en ese proceso recuperar nuestras raíces”.

Para concluir, Sheinbaum planteó que la erradicación del racismo no es opcional, sino una necesidad y una obligación para construir una sociedad justa, incluyente y digna para todas y todos.

Con información de: https://www.cronica.com.mx/