¿En qué ayudaría liberar las patentes de las vacunas contra Covid-19?
El covid-19 provocó que millones de personas permanecieran encerradas por meses, generó pérdidas de millones de empleos y la muerte de millones de personas.
Actualmente comenzamos a tener esperanza de regresar a algo parecido a la normalidad gracias a las vacunas que han desarrollado diferentes farmacéuticas alrededor del mundo. Sin embargo, la distribución de las vacunas ha sido dispareja. Algunos países, principalmente Estados Unidos, han acaparado la compra de vacunas, mientras que otros han tenido un acceso limitado a las mismas.
Basta recordar que, en medio de la pandemia, Estados Unidos decretó la ley de Producción de Defensa, que le ordenó a todas las compañías farmacéuticas estadounidenses priorizar las entregas al gobierno federal, dificultando las exportaciones de las mismas.
Para intentar revertir lo anterior, en las últimas semanas ha comenzado a tomar fuerza una propuesta impulsada por la India y Sudáfrica, dos de los países más afectados por el covid-19, que busca liberar las patentes de las vacunas contra el SARS-CoV-2.
La propuesta busca que, temporalmente, las patentes de las vacunas queden suspendidas. La idea es que, por la crisis global sanitaria, no sean exclusivas de las farmacéuticas que las desarrollaron, y otros laboratorios puedan fabricar las vacunas a un menor costo.
En circunstancias normales, las patentes le brindan derechos exclusivos mundiales -generalmente por 20 años- a una empresa sobre la comercialización de un fármaco. Suspender las patentes quitaría la exclusividad de las fórmulas y volvería legal a cualquier farmacéutica grande o pequeña la elaboración de las vacunas.
De acuerdo con los impulsores de la propuesta, los países en vías de desarrollo tendrían un fácil acceso a las mismas al incentivar que las farmacéuticas locales puedan fabricar las vacunas, además de fomentar que los gobiernos de diferentes partes del mundo inviertan en la infraestructura de las farmacéuticas locales en lugar de esperar a que las grandes empresas puedan vender las escasas vacunas que actualmente hay en el mercado. Con esto, no sería necesario depender de empresas globales, sino del mercado local.
La propuesta de la India y Sudáfrica no solo incluye a las vacunas, sino también a los medicamentos que se usan para tratar a los enfermos con covid-19, a los equipos de diagnóstico, equipo de protección personal y varios productos relacionados con los tratamientos. La idea es que la suspensión de las patentes sea temporal, pero recalcan que tiene que durar hasta que la mayoría del mundo esté vacunado, lo que indica que sería una suspensión de varios años.
“La exención debe continuar hasta que la vacunación generalizada esté en marcha en todo el mundo y la mayoría de la población mundial haya desarrollado la inmunidad”, indica el documento.
Inicialmente la idea fue apoyada por algunos países, como Francia, Rusia e Italia, así como repudiada por otros gobiernos, sobre todo en los que se encuentran las sedes de las empresas que desarrollaron las vacunas. Pero el pasado miércoles 5 de mayo, por la noche, todo dio un vuelco cuando Estados Unidos anunció que apoyaría la propuesta. Mientras muchos se alegraron por el apoyo del gobierno de Joe Biden otros países importantes están molestos, incluso el gobierno alemán indicó que están en contra de esta idea, porque vulnera los derechos de las empresas que gastaron tiempo, dinero y esfuerzo en el desarrollo de las vacunas. También señalan que las empresas desarrolladoras son las únicas capacitadas para entregar vacunas de calidad.
“La sugerencia de Estados Unidos de suspender las patentes de vacunas anti-covid-19 tiene importantes implicaciones para la producción de vacunas como un todo. El factor limitante para la producción de vacunas son las capacidades de fabricación y los altos estándares de calidad, no las patentes. La protección de la propiedad intelectual es una fuente de innovación y debe seguir así en el futuro” indicó la cancillería alemana.
La postura alemana se entiende si consideramos que la vacuna desarrollada por Pfizer y BioNTech es de origen alemán.
De igual forma, las empresas detrás de las vacunas con sede en Estados Unidos se mostraron inconformes con la idea del presidente de su país. La Pharmaceutical Research and Manufacturers of America, la organización que reúne a todas las empresas farmacéuticas de Estados Unidos, lanzó un duro comunicado que dice:
“Esta decisión sembrará confusión entre los socios públicos y privados, debilitará aún más las ya tensas cadenas de suministro y fomentará la proliferación de vacunas falsificadas (…) y terminará por entregar las innovaciones estadounidenses a países que buscan socavar nuestro liderazgo en los descubrimientos biomédicos”.
Los representantes de las empresas también dicen que estas medidas provocarán que no exista un esfuerzo similar al que vivimos el año pasado, en el que se desarrollaron vacunas en tiempo récord, por la falta de incentivos, además de recalcar que no existe la suficiente infraestructura para producir más vacunas, señalando que actualmente se están usando prácticamente todos los laboratorios con la tecnología necesaria para fabricar vacunas contra covid-19, y que el tiempo mínimo para modernizar laboratorios equipados en países en desarrollo será de por lo menos 4 años.
También sostienen que no existe capacidad en el mundo para desarrollar más rápido nanopartículas lipídicas o biorreactores necesarios en las vacunas. Finalmente, sostiene que la negociación, en la que la OMC (Organización Mundial de Comercio) tendría que delimitar cuál sería la compensación que recibirían las farmacéuticas, duraría por lo menos 2 años; mucho tiempo para ayudar verdaderamente.